La osteoporosis es muy común, sobre todo en edad avanzada, y como bien se sabe afecta a los huesos. Por lo general, las fisuras mínimas que se producen en los huesos son reparadas constantemente por un cuerpo sano. Lo que sucede con el correr de los años es un desequilibrio: los huesos se desgastan más de lo que se recuperan y eso los vuelve porosos y más propensos a quebrarse.

Qué factores pueden aumentar el riesgo

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“El mejor momento de los huesos es entre los 25 y los 30 años”, comenta el profesor Markus Gosch, un especialista en geriatría de Alemania. Después de los 30 años la calidad de los huesos va disminuyendo, más aún cuando la persona fuma, se mueve poco y consume mucho alcohol, factores que aumentan el riesgo de contraer osteoporosis.

Las personas que padecen algunas enfermedades como diabetes o trastornos hormonales también son más propensas, al igual que las que tienen predisposición genética, es decir, cuando ya ha habido casos en la familia. Además, las mujeres se ven particularmente expuestas a la osteoporosis después de la menopausia a raíz de la disminución del nivel de estrógenos.

Una fractura, la primera señal

La osteoporosis suele no ser detectada durante mucho tiempo. “Los afectados no perciben ningún síntoma hasta que se fracturan por primera vez”, observa el profesor Hans-Christof Schober, presidente de la Asociación de Osteología en Alemania.

Desde su experiencia, observa que los médicos de cabecera suelen concentrarse en otras enfermedades, como las cardiovasculares o los cánceres, por ejemplo, a pesar de que también existen métodos y tests para detectar síntomas de la osteoporosis antes de que genere grandes problemas. Para tener certeza de si se trata de una osteoporosis o no, el paciente puede realizarse una densitometría ósea.

Antiguamente la osteoporosis no era considera una enfermedad sino parte del proceso de envejecimiento. “Hoy en día tampoco se le da demasiada atención, si bien genera un gran padecimiento al paciente”, critica Schober, añadiendo que en Alemania sólo un 30 por ciento de los afectados recibe el tratamiento adecuado después de una fractura.

Alimentación y entrenamiento

Se trata de una enfermedad cuyo avance puede demorarse tratándola con medicación que estimule la regeneración ósea o frene el desgaste. Sumar una alimentación sana y suficiente ejercicio físico refuerza la terapia de prevención, como en tantas otras enfermedades.

“Lo más importante es moverse”, explica Schober, pero no es suficiente con andar en bicicleta o salir a pasear. Es mejor hacer entrenamiento con pesas, aunque sea con poco peso, ya que eso fortalece los músculos y los huesos. “La musculatura funciona como un amortiguador”, aclara el médico, y eso tiene un impacto positivo en la estructura ósea. Además, la carga fomenta la regeneración de los huesos.

También es importante que el cuerpo reciba suficiente vitamina D, que suele ser producida sin más por el cuerpo, al menos siempre y cuando la persona se exponga al sol. El calcio también es fundamental. Por lo general se recomienda que los adultos consuman 1.000 miligramos de calcio por día. La leche, el yogur y el queso son una buena fuente de calcio, al igual que las verduras verdes como el brócoli, las coles y la rúcula. Las avellanas y las castañas o nueces de Brasil también son excelentes.

La falta de detección o de tratamiento de una osteoporosis puede generar problemas graves. Si se encuentra muy avanzada, reduce en gran medida la movilidad de los afectados. Incluso se pueden producir fracturas por cargas muy menores.

Una fractura muy común por osteoporosis es la que se produce en el muslo. A edad avanzada, puede ser fatal. “Un 20 por ciento de los afectados fallece, y también se observa un alto grado de inmovilización entre los pacientes”, advierte Schober.

Otras fracturas pueden generar grandes limitaciones, además de la reducción de movimiento. Las fracturas en la columna, por ejemplo, pueden producir cambios en la caja torácica y eso, a su vez, problemas de respiración.

Miedo a las caídas

Para evitar las fracturas es importante hacer ejercicios de equilibrio, explica Gisela Klatt, especialista en osteoporosis. Por lo general, cuando a una persona le diagnostican osteoporosis surge el miedo a las caídas y eso hace que se mueva menos. “Es un círculo vicioso”, advierte Klatt.

Ella misma padece de osteopenia, una fase previa de la osteoporosis. “Tenía 45 años cuando me detectaron la osteopenia a través de una densitometría ósea”, recuerda. Hoy tiene 68, y aquella osteoponia no ha avanzado significativamente. La especialista se mantiene en forma con ejercicio físico.

Además, cuando se lo diagnosticaron comenzó a participar en un grupo de autoayuda donde pudo intercambiar informaciones sobre los diagnósticos y terapias existentes.

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